Fotos: Will Hart

Fotos: Will Hart

Por Diego Morilla

La situación actual de ambos rivales sugiere que en el combate de este próximo 6 de mayo en Las Vegas será Julio César Chávez quien tendrá acceso a una pelea millonaria que no podría lograr de otra manera al recibir la oportunidad de combatir con el estelar Saúl “Canelo” Álvarez por el orgullo de un país de arraigada tradición boxística.

Pero hasta no hace mucho tiempo atrás, la situación era la opuesta. Era Álvarez quien se percibía como el retador ante un Chávez que lo tenía todo de su lado: la fama que heredó de su padre, el apoyo de los fanáticos, promotores y organismos de turno, y mucho más. Pero sin importar a quién le toque jugar cada rol, el choque se ha emparejado en ambiciones mutuas, en división de ingresos y en favoritismos de la afición, y la emoción de un pleito entre dos mexicanos dispuestos a todo por quedarse con el respeto de un país entero tomará el centro de la escena y hará que ambos dejen todo en el ring en pos de una victoria consagratoria.

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Aún así, la prensa y los conocedores profundos de esta rivalidad saben muy bien quién es el que carga con el peso de probar su verdadero valor en este combate.

“Sabemos que el Junior estaba más muerto que vivo en el boxeo,” dice Rubén Estrada Tapia, administrador del grupo de discusión ‘Boxeo con Respeto’. “Por algo Oscar De La Hoya quiso ofrecerle esta pelea para llevar ventajas. En un principio se veía como un abuso, pero con el equipo de Heredia, Beristaín y Chávez padre, aunado a la disciplina de Junior, la pelea ha tomado otra dimensión y ha empezado generar morbo e interés por ver al fin a Canelo enfrentando a alguien más pesado y fuerte”.

Si bien es cierto que la trayectoria reciente de ambos peleadores ha sido muy disímil, el “morbo” del que habla Rubén tendrá que ver con la bronca de patio que los enfrenta, pero también con años de construcción de una rivalidad que ha sido creada y alimentada con los años, y no sólo por los fanáticos.

“Desde sus inicios en la TV  abierta en México, su rivalidad creció mucho, en parte porque cada uno representaba o era la figura por parte de las dos televisoras más importantes”, afirma Ismael Munguía, residente del norteño pueblo de Mexicali y asiduo concurrente a las carteleras del sudoeste estadounidense, en referencia a TV Azteca y Televisa. “Ambas fueron creando una rivalidad para ver quién era más popular entre la afición mexicana.  Realmente si tienen una competencia entre ellos es por demostrar quién es el más vendedor y quien será la próxima figura mexicana.”

En el caso puntual de Chávez, es inescapable pensar en el peso que acarrea su nombre y lo mucho que estará en juego para el legado iniciado por su venerado padre. Y el modo en que esas seis letras inclinan la balanza hacia uno u otro lado en la mente de los fanáticos es digno de un análisis especial.

“Siempre escuche a gente decir que lo dejaron subir al ring por mero respeto a su padre,” dice Denisse Calixto, joven réferi y juez de boxeo. “Que fue, es y será solamente ‘el hijo de la leyenda’. Pero independientemente si es bueno o no, para muchos tenía que ser igual a su padre, igual al más grande boxeador mexicano. No le dieron margen de error desde el principio. Y muchas personas se lamentaron que no estuvo a la altura para poder continuar semejante legado de una manera respetable. Y no se librará de eso”.

“A Junior lo perjudica bastante la comparación, ya que el fanático espera ver habilidades que no posee”, agrega Cecilia Martínez,  una seguidora acérrima del deporte nacida en Michoacán y residente del DF. “Es difícil, sobre todo porque no ha mostrado traerlo en la sangre”.

Erasmo Arreola, otro fiel seguidor del deporte de los puños desde su Morelia natal, por su parte, afirma que “al inicio de su carrera lo beneficiaba, le conseguían peleas, salía en la tele y ganaba dinero, pero luego la gente lo empezó a criticar por no ganar las peleas de manera contundente como su papá”. 

La carrera de Junior, plagada de problemas de indisciplina, altibajos violentos en el peso y otras vicisitudes mayormente auto-infligidas, parece pesar aún más negativamente que el imposible estándar con el cual se lo pretende medir.

“Chávez aún nos sigue dejando un sabor amargo de boca en cada una de sus peleas, por su falta de pasión, de entrega y de disciplina”, afirma Ismael. “El apellido que trae le abrió muchas puertas pero sigue dejando mucho que desear por sus actitudes”.

Cecilia, sin embargo, ve una porción muy grande de la fanaticada esperando vitorear nuevamente ese nombre que tanto orgullo le ha dado a su país.

Una gran mayoría lo mira esperando verlo ganar”, dice. “Julio es visto como una extensión de Julio César padre, y el respeto que le dan es por ser hijo de quién es. Yo espero ver a un boxeador entregando lo mejor round a round, demostrando que en verdad ama el boxeo”.

Sin importar la disputa iniciada por los ratings televisivos y los contratos millonarios, esa misma parece ser la clave para la mayoría de los fanáticos, quienes siguen esperanzados en ver un combate en el que la única medida de éxito será el castigo que ambos estén dispuestos a tolerar en pos de una victoria.

“La gente en general creo que espera literalmente que se partan la madre”, afirma Erasmo, sin recurrir a elipsis, subterfugios ni circunloquios. “Todos quieren ver una pelea de mexicanos fajándose y sin dar un paso atrás. Así de fácil”.