Dos peleadores mexicanos se preparan para dar el salto en HBO Latino

Gilberto Ramirez (Izquierda)

Gilberto Ramirez (Izquierda)

Por Diego Morilla

Julio Cesar Chávez Jr. y Saúl "Canelo" Álvarez seguramente no pelearán entre sí en el futuro cercano. Pero si tenemos suerte quizás podamos tener una pelea igual de buena en la categoría de mega-pleitos entre boxeadores mexicanos en un futuro no tan lejano.

Y todo podría depender del resultado de la pelea de este sábado entre el joven estelar mexicano Gilberto "Zurdo" Ramírez y el probador de campeones de origen colombiano Fulgencio Zúñiga (27-9-1, 24 KO) en un combate pactado a 10 asaltos en el peso supermediano que será transmitido por HBO Latino (9:45 PM ET/PT) desde el Alamodome, en San Antonio, Texas. El combate podría ser el último paso de Ramírez en su camino hacia un pleito de campeonato, y quizás en camino a un eventual choque ante Chávez Jr. en una disputa cargada de intenso orgullo nacional.

Durante años, los fanáticos mexicanos del boxeo han esperado ver a Chávez y Canelo enfrentándose entre sí en un mega-combate digno del Estadio Azteca a todo o nada. Sin embargo, diversos problemas contractuales y de aumento de peso corporal de los protagonistas han conspirado para frustrar la posibilidad de que esta pelea se haga realidad.

Pero en Ramírez, los fanáticos mexicanos finalmente tienen a su nuevo enemigo de ensueño para el “Hijo de la Leyenda”. Y a pesar de que puede llegar a pasar un buen tiempo para que la base de fanáticos latinos exija un pleito entre Chávez Jr. y Ramírez, ese combate bien podría valer la pena la espera.

Las herramientas más esenciales para transformarse en un peleador excitante digno de carteleras de Pay-Per-View ya están en el arsenal de Ramírez: altura, alcance de brazos, potencia, estado atlético, espacio físico para acomodar el kilaje necesario para ser un peso semipesado auténtico algún día, y principalmente la marca registrada que todo peleador mexicano que se precie de tal debe poseer: un adormecedor golpe al cuerpo que puede desgastar y en última instancia destruir a cualquier oponente. Una herramienta que eventualmente haría que su choque de ensueño con Chávez Jr. rompa todos los récords de estadísticas de golpes a la zona abdominal.

Ahora mismo, Ramírez (29-0, 23 KO), oriundo de Mazatlán, Sinaloa, está cómodamente clasificado en algún lugar de los primeros tres puestos de los cuatro principales organismos rectores a nivel mundial en las 168 libras, y es solamente cuestión de tiempo (y políticas internas del boxeo, claro) hasta que pueda desafiar a alguno de los campeones que tiene la división.

Pero antes de eso tendrá que pasar una dura prueba ante Zúñiga, quien a pesar de tener 37 años es un peleador que sale a todo o nada en todos sus combates y disfruta su rol de menos favorecido en las peleas, una posición en la que se ha encontrado a lo largo de su carrera.

Hicieron falta dos duros campeones como Kelly Pavlik y Lucian Bute para ponerlo fuera de combate, y también ha recorrido la distancia con artistas del nocaut como Tavoris Cloud, Thomas Oosthuizen y James DeGale. En suma, Zúñiga es un duro competidor que no se conformará con el honor de no haber sido noqueado por una futura estrella. El nativo de Barranquilla es un rival muy capaz, y decidido siempre a dar la gran sorpresa y robarse el show.

Cuanto menos, Zúñiga estará poniendo a prueba la defensa ligeramente porosa de Ramírez con suficientes malas intenciones como para llamar la atención del joven retador. Y ésta es una de las mejoras que Ramírez deberá evaluar en su estilo si es que decide medirse algún día ante lo mejor que tiene esta talentosa y variada división, que incluye nombres como Anthony Dirrell, Carl Froch, Arthur Abraham, Andre Ward y los recién llegados Robert Stieglitz, Félix Sturm y muchos otros.

Pasar satisfactoriamente esta prueba debería ser más que suficiente para Ramírez en esta etapa de su carrera, pero el modo en que logre obtener el triunfo también va a contar mucho, porque entra ahora en la parte de su carrera más vigilada y seguida de cerca por el público al transformarse en un retador de alto vuelo.

Es cierto que su defensa podrá no estar al mejor nivel mundial ahora mismo, pero su quijada y su juventud pueden compensar por eso mientras se desarrolla para pasar a ser un peleador más completo, y probablemente no hay mejor defensa que una buena ofensiva para mantener a sus rivales a raya. Y Ramírez es pura agresión sostenida de campana a campana.

Aún cuando todavía está meramente en las puertas del proverbial “siguiente nivel”, y aunque es absurdamente temprano para hacer este tipo de predicciones, no es descabellado pensar que Ramírez pueda algún día transformarse en el mejor peleador que México haya dado por encima de las 154 libras, que parecen ser el “techo” histórico de ese país en lo que hace a éxito en categorías de peso, para contrastar y compensar con la rica historia de ese país en los pesos inferiores, donde pueden alardear de haber producido a algunos de los más grandes talentos que hayan pisado un cuadrilátero.

En ese sentido, Zúñiga puede llegar a representar el primer paso en la segunda y más desafiante parte de la carrera de Ramírez, pero las habilidades de un peleador a menudo no se evalúan por el nivel de sus oponentes sino más en la impresión que ellos son capaces de dejar en su paso por el ring. Y Ramírez ha demostrado ser impresionante al nivel de campeonato en demasiadas peleas como para ser descartado basándonos solamente en nivel de oposición hasta ahora. En esta pelea, muchas de las preguntas que están todavía sin responder sobre su potencial podrían ser respondidas de manera definitiva.

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Valdez (Derecho)

Valdez (Derecho)

En el evento co-estelar de la noche, el dos veces representante olímpico mexicano Oscar Valdez estará poniendo su récord invicto en juego ante el peligroso Alberto Garza (26-8-1, 21 KO) en un combate pactado a 8 asaltos.

Valdez (13-0, 11 KO), oriundo de Nogales, Sonora, es una rareza entre peleadores mexicanos con pedigrís amateur de primer nivel. Usualmente, el camino más común para un joven peleador olímpico en cualquier país de Sudamérica es hacerse profesional para comenzar a capitalizar económicamente su carrera tras su primera (y única, en la mayoría de los casos) participación olímpica, pero Valdez eligió quedarse en el amateurismo cuatro años más. Tenía apenas 18 años en su primer viaje a las Olimpíadas en Beijing 2008, por lo cual esperar hasta Londres 2012 (donde cayó en los cuartos de final de la competencia) no parecía ser un gran sacrificio para él.

Y a pesar de su falta de éxito en el escenario olímpico, Valdez pudo compensar a su país con un tremendo récord en competencias internacionales, en las que ocupó rutinariamente la cima de los podios, lo cual fue determinante a la hora de desatar una guerra de ofertas por sus servicios en el nivel profesional.

Fiel al espíritu competitivo que lo llevó a ambicionar mayores oportunidades olímpicas para su país, Valdez ahora trepa cuidadosa pero firmemente los peldaños del profesionalismo, contando ya con un puñado de rivales respetables en su columna de victorias. Y ahora, la oportunidad de enfrentar a un probador de campeones aguerrido y fajador como Garza (un ex retador al título que viene de dos combates durísimos a la distancia completa ante dos pegadores como José Pedraza y Billy Dib) parecía el paso lógico siguiente para Valdez, quien ha demostrado un enorme potencial hasta ahora.

Está por verse si una victoria sobre Garza le reditúa a Valdez una chance mundialista en el futuro cercano. Pero una cosa es cierta: Valdez ya no estará esperando otros cuatro años para obtener su chance de lograr el oro que le fuera tan elusivo en el amateurismo, y su inminente asalto en el nivel de competencia a 10 rounds inmediatamente tras este combate debería aportar mayores respuestas sobre la seriedad de su deseo de transformarse en una de las grandes estrellas mexicanas en los años venideros.