Canelo vs. Chavez: Orgullo y prejuicio a nivel extremo 

Fotos: Ed Mulholland

Fotos: Ed Mulholland

Por Eric Raskin

"Estos tipos no se pueden ni ver".  Es algo típico que dice siempre un promotor.  Oscar De La Hoya considera cada una de esas siete palabras mientras mira a la cámara para pronunciarlas.  El instinto de quien lo observa es desechar ese comentario como un mensaje sin mayor significado de parte de un hombre que seguramente ganará más dinero si puede convencer a los fanáticos de que van a ver un enfrentamiento amargo y violento.  Pero esto se siente diferente.

Quizás De La Hoya estaba leyendo del guión de uno de los especiales de HBO al estilo de "Tradición de Peleas".  Pero sin embargo, sus palabras tenían el aura de la verdad.  Cuando Canelo Álvarez y Julio César Chávez Jr. se suban al ensogado el 6 de mayo en el T-Mobile Arena de Las Vegas, ellos llevarán desprecio en sus manos izquierdas y resentimiento en la mano derecha.  Esto no será solamente una batalla por los corazones y las mentes de los fanáticos mexicanos.  Esto es por el orgullo personal.  Esto tiene que ver con ajustar una rivalidad que se ha estado construyendo por décadas.  Esto es para poder decir luego 'yo les advertí', ya sea con respecto a la insistencia de Chávez de que Canelo se ha alimentado de oponentes de menor tamaño y elegidos a dedo, o a la aseveración de Álvarez de que Junior no tiene ni disciplina ni educación.

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A veces uno quiere ganar una pelea porque es algo crítico para su carrera.  A veces uno quiere ganar una pelea porque uno tiene muchas ganas de ver a su oponente derrotado.  En Canelo vs. Chávez, ambos factores motivadores están en juego.

Las dos más grandes estrellas del boxeo mexicano están tratando de cerrar una brecha de unos siete kilogramos para hacer que este evento sea posible, una circunstancia muy inusual en un límite de peso completamente bizarro de 164.5 libras que habla de lo mucho que ambos querían esta pelea.  Y por supuesto, para ambos, la cantidad de ceros en sus cheques también juega un rol muy grande.  Pero si se fijan en qué punto están sus carreras en este momento, podrán ver por qué gravitaron hacia este choque.

Álvarez, de 26 años, es, con la posible excepción del nuevo campeón pesado indiscutido Anthony Joshua, la mayor estrella del deporte ahora mismo.  Es el campeón mediano linear con un brillante registro de 48-1-1 con 34 nocauts, pero está en un punto de encrucijada en su carrera.  El público le ha exigido durante el año pasado que se enfrente al invicto campeón mediano Gennady 'GGG' Golovkin, y hasta ahora Álvarez y su promotor De La Hoya han continuado encontrando excusas para no hacerlo.  Ahí es donde entra Chávez Jr.

"Creo que Julio César Chávez Jr. fue el único oponente que Canelo podía enfrentar que no se llamara GGG y que no fuese criticado por sus fanáticos mexicanos", dijo el analista de boxeo de ESPN y ESPN Deportes, Bernardo Osuna.  "Históricamente, los fanáticos mexicanos quieren ver campeones valientes que no eligen a sus oponentes, que siempre pelean con quien sea.  Los fanáticos mexicanos no quieren ver que alguien hable y dé vueltas para evitar alguna pelea.  Para ellos, creo que Chávez Jr. era el único nombre aceptable para Canelo Álvarez que no tenga tres letras Gs en él".

Mientras tanto, para Chávez, el reloj estaba corriendo, y los recuerdos de sus años como retador serio y no como un pretendiente se estaban diluyendo.  Tiene ya 31 años.  Gradualmente superó la percepción de que todo lo que tenía a su favor era el nombre de su padre, superando a retadores como Marco Antonio Rubio y Andy Lee para ganarse una oportunidad de enfrentar al campeón mediano en 2012, Sergio Martínez.  Pero desde aquella dramática remontada en el 12do asalto que se quedó corta por un par de golpes, Chávez ha ido a los tropiezos.  Fue suspendido por dar positivo a marihuana, necesitó de la buena voluntad de los jueces para superar al obrero del ring Brian Vera, fue derribado y luego noqueado por Andrzej Fonfara, y en el camino se transformó en el Thomas Edison de las divisiones del boxeo, inventando una tras otra.  Pero luego de dos sólidas victorias por puntos, Chávez, ahora con marca de 50-2-1 y 32 nocauts, parece estar listo para que lo tomen en serio nuevamente.

Tiene una reputación para restaurar.  ¿Y qué mejor modo de lograrlo que derrotando al único boxeador mexicano que lo supera en popularidad en este momento?

"Cuando he hecho las cosas con el corazón, las he hecho bien.  Cuando no las hice bien, los resultados han estado a la vista", admitió un Chávez humilde.  Para ese fin, se ha tragado su orgullo y ha adquirido un nuevo entrenador, uno que ha criticado mucho a Chávez a lo largo de los años, y que no es otro que el viejo búho del pugilismo mexicano, don Nacho Beristain.  "Nacho no me dice lo que yo quiero escuchar", dice Chávez, sonando nuevamente como alguien que está al tanto de sus viejos pecados.  "Si yo hago algo mal me lo dice.  Eso es lo que me gusta de él".

El renovado rincón de Chávez es un gran contraste con la consistencia del de Canelo, en el cual la dupla de padre e hijo compuesta por Chepo y Eddy Reynoso continúa sosteniendo las riendas.  Ambos equipos han estado trabajando duro no solamente en la estrategia sino en el kilaje de ambos.  Para cada una de sus últimas cinco peleas, Chávez ha pesado entre 167.5 y 172.5 libras.  Para cada una de sus últimas cinco peleas, Canelo pesó entre 154 y 155 libras.  Ellos han creado el límite ficticio de164½ libras para el pesaje del viernes, y si uno de ellos (teléfono para Chávez!) no lo logra, tendrá que pagar una penalidad de $1.000.000 por libra de exceso.

Asumiendo que ambos logren cumplir con el peso, se especula que en la noche del combate Chávez seguramente pesará más de 180 libras, unas 10 ó 15 libras más de lo que su oponente estará pesando.  Chávez, de 6'1'' de altura, le lleva cuatro pulgadas a Canelo.  Éste es uno de los contrastes más fuertes que hayamos visto recientemente, si es que vamos a ver si el tamaño importa.  Canelo es rápido de pies y manos, lanza golpes más rectos y picantes, y ha exhibido un intelecto superior en el ring.  ¿Podrá compensar Chávez con su mayor tamaño si es que logra traducirlo en golpes más duros y mayor resistencia al castigo?

Dependerá en parte de cómo elija Chávez hacer su pelea.  Usualmente se inclina hacia adelante, arremete y trata de imponer su fortaleza.  Sin embargo, con una ventaja de altura y alcance significativa, y con el gurú técnico Beristain detrás suyo, ésta podría ser la oportunidad en la que Chávez se plante a pelear desde su mayor altura.  No sería lo más mexicano que él podría hacer, o lo más parecido a lo que haría su padre, pero quizás para un boxeador en busca de una identidad propia y alejada de la de su legendario padre, eso es lo que necesita.

Álvarez ciertamente no tiene apuro en dejar que la gente olvide quién es Chávez Jr. y de donde viene.

"Yo soy un peleador disciplinado que viene de abajo, y él es lo opuesto, porque ha tenido el gran apoyo de su padre y no ha podido sacarle provecho".  Canelo dijo esto con más de un brillo de desprecio en sus ojos.  "Yo vine a hacer mi propio camino, a forjar mi propio nombre".