Receta para el éxito: Algieri deja lo amargo en el entrenamiento y se guarda los dulces para después del combate 

Photo: Will Hart

Photo: Will Hart

Por Diego Morilla

Antes de que suene la campana inicial este sábado por la noche en Macao, una de las primeras cosas que Manny Pacquiao notará durante el usual choque de miradas amenazantes es un brillante sol amarillo destellando a través de la sonrisa de su oponente, junto a un mapa de la península italiana pintada de rojo, blanco y verde.

Puede ser que ni Pacquiao ni la gente que pueda estar mirando este colorido protector bucal por televisión lo sepan aún, pero esta combinación de imágenes ilustra el orgullo de Algieri por un conjunto de tradiciones personales que van mucho más allá del obvio legado ítalo-americano que sugiere su apellido, y que se remonta a su esencia como peleador.

“Tengo el sol argentino y el mapa italiano”, explica Chris Algieri (20-0, 8 KO), el invicto peleador de peso welter junior que Pacquiao estará enfrentando en HBO PPV, al explicar su aparentemente rara elección de gráficas para su protector bucal. “Y mis colores son siempre el azul y blanco (los colores de la bandera argentina)”.

Muy probablemente, la noticia de que Algieri es un “latino oculto” no le importará mucho a Pacquiao, quien se ha hecho un nombre (además de varios sobrenombres, incluyendo el infame “Mexicutioner” por sus victorias sobre peleadores mexicanos) al derrotar a muchos de los mejores talentos latinos disponibles. Pero lo cierto es que las raíces latinas de Algieri son responsables en gran manera por su involucramiento en el boxeo, y regularmente mastica cosas mucho más nutritivas que un trozo de goma anatómicamente adaptado a la hora de alimentar el orgulloso legado mixto de sus ancestros argentinos e italianos.

Porque al igual que sucede con los hijos de inmigrantes de muchas otras culturas, Algieri lleva al viejo país de sus padres en su corazón, pero también en sus papilas gustativas.

 “Parrillada es una parte importante de nuestro verano”, afirma Algieri, en referencia al asado al estilo argentino que es una de las características más salientes de la cocina de ese país. “Es parte de mi cultura. Yo crecí con mi madre y sus padres viviendo en la misma casa, y absorbí esa cultura”.

Y no hay parte más destacada y visible de la cultura alimenticia argentina que el famoso mate, esa bebida amarga y fuerte que proviene de tiempos precolombinos, ofrecida por los nativos a los españoles en los inicios de la Conquista y que se ha transformado en la bebida diaria y omnipresente para millones de personas en la región más profunda del cono sur. Toda esa gente acude a este brebaje como fuente de nutrición y calor, pero también como factor aglutinante esencial en su vida social, en la cual cada conversación tiene como protagonista a un mate pasando de mano en mano.

Para Algieri, graduado de la Universidad Stony Brook University con un título en nutrición, las ventajas de mantener su tradición familiar van más allá de enorgullecer a su mamá al compartir con ella su bebida favorita.

“Yo tomo mate todos los días. Lo llevo conmigo incluso cuando estoy en el entrenamiento. Es una bebida caliente que reconforta el estómago y ayuda a digerir mejor, y así uno saca todos los nutrientes de la comida. Lo bebo todos los días incluso hasta el día de la pelea”, dice Algieri.

Algieri incluso ha puesto un video instructivo en su canal de YouTube para enseñar a sus seguidores a preparar mate correctamente de manera tradicional, usando una calabacilla seca y una bombilla o sorbete de metal que filtra las hojas depositadas allí, para luego dar sorbos pequeños después de recargar el recipiente varias veces con agua caliente hasta que el sabor va decayendo. Y para cuando esto ha sucedido, los muchos beneficios de esta bebida ya han cumplido con su mágico cometido.

“Está cargado de vitaminas y nutrientes. Tiene muchas vitaminas B que usualmente sólo se consiguen en la carne, y uno puede encontrarlas ahí. El contenido de cafeína me afecta de manera diferente al café, porque su valor estimulante es más suave, y así puedo beber más cantidad. Es mi bebida favorita, especialmente en una mañana fría, y me da el impulso suficiente justo antes de ir a entrenar”, dice Algieri.

Su físico alto y musculoso parece haber aprovechado muy bien las virtudes de una bebida en la cual se han identificado una cantidad importante de propiedades que van desde antioxidantes naturales a virtudes dietéticas y laxantes.

“También ayuda para perder peso y mantenerse sin grasas, por eso en general es una bebida increíble, y además es parte de mi cultura, es algo que toda mi familia necesita, y lo hemos hecho siempre”.

Ponerle atención a la vibrante escena del boxeo argentino de los ‘70s y comienzos de los '80s alguna vez fue parte de la tradición familiar también, gracias a la influencia de su abuelo Carlos. Algieri comenzaría a poner incluso más atención sobre esos púgiles luego de sus inicios en el kickboxing, donde tuvo una carrera en la que terminó invicto en 20 combates antes de hacer la transición al deporte de combate más tradicional (y con calzado normal) del que su abuelo le hablara tanto.

 “Carlos Monzón es uno de los primeros peleadores de los cuales escuché hablar”, rememora Algieri, en referencia al mayor ícono boxístico de Argentina y uno de los mejores pesos medianos de la historia. “Recuerdo incluso ver a peleadores como Omar Weiss en ESPN”.

Más tarde comenzaría a observar a peleadores de su generación como Lucas Mathysse, Sergio Martinez, y Marcos Maidana (con quien llegó a guantear en preparación para una de las peleas del ‘Chino’), justo cuando los objetivos de ellos comenzaban a parecerse a sus propios objetivos también.

“Es muy bueno ver cómo una parte de mi cultura anda tan bien en este deporte que amo”, dice Algieri, en referencia a la actual ‘era dorada’ de los welters argentinos, con Maidana, Matthysse, Martinez (un ex super welter) y también Luis Carlos Abregú y Diego Chaves aportando inspiración en su todavía floreciente carrera. “Más y más uno ve a peleadores argentinos haciendo grandes cosas en escenarios cada vez mayores, y por eso estar asociados a estos muchachos es realmente un honor y es maravilloso ver cómo tanta gente de mi misma cultura está haciendo grandes cosas en este deporte”.

También hay una gran parte de esa tradición que quizás, aunque él no lo sepa todavía, le juegue a su favor este 22 de noviembre, y es la buena fortuna que usualmente acompaña a los boxeadores argentinos en Asia desde los lejanos días en que Pascual Pérez se transformó en el primer campeón mundial que tuvo su país con una victoria ante Yoshio Shirai en Japón el 26 de noviembre de 1954, casi 60 años antes de que Chris intente esta nueva hazaña. Varios boxeadores se unirían luego a Pérez, como los íconos Horacio Acavallo, Nicolino Locche y otros, en carreras definitorias para sus carreras en las regiones más remotas del Lejano Oriente. Algieri espera seguir los pasos de esos hombres, con su particular modo de pelear.

“No va a ser diferente en esta pelea”, dice, en relación a su estilo, que según lo afirma ha sido poco apreciado por aquellos que lo han visto solamente enfrentar a Ruslan Provodnikov en su último combate y que basan su apreciación de sus habilidades únicamente en aquella actuación. “Siento que peleo de manera agresiva, pero es un estilo agresivo astuto. Yo hubiese sido más agresivo en la pelea (con Provodnikov) si no hubiese sido por el daño que sufrí en mi ojo tempranamente. Tuve que proteger ese ojo más de lo normal”.

Aún así, la puerta está abierta para que el ‘latino oculto’ en Algieri finalmente emerja cuando las cosas se pongan calientes. Y a pesar de que seguramente no pasará de ser el practicante del ‘master boxing’ que es (tal como se define a sí mismo) para transformarse en un Monzón más en apenas una pelea, la probabilidad de verlo tomando el rol de agresor sigue siendo una posibilidad.

“No se confundan con lo que vieron en aquella pelea: yo soy un peleador agresivo, y estaré ahí mezclándome a pelear mano a mano pero de manera inteligente”, afirma Algieri, quien dice estar listo para cualquier cosa que Pacquiao le presente en el ring.

“Yo tuve que pelear ante todos los estilos que existen ahí afuera”, afirma, y una declaración semejante debe ser tomada en serio si viene de alguien con orígenes en un país que ha batido récords en cantidades de crisis económicas por década y cantidad de presidentes en una semana. Pero así como su capacidad para adaptarse a situaciones adversas no está siendo cuestionada, otras dudas persisten, y todas ellas justificadas.

Después de todo, hace menos de un año estaba peleando en clubes de su zona, y ahora está enfrentando a uno de los peleadores más duros de la actualidad en lo que ha sido calificado como una “historia de Rocky en la vida real”. Pero Algieri nunca tuvo dudas de que este día llegaría.

“Siempre supe que mi tiempo llegaría si yo mantenía mi hambre de gloria y mi disciplina”, dijo Algieri, y aún cuando la victoria está lejos de ser asegurada, su idea es que luego de este combate estará también cumpliendo otro de los sueños de su vida, gane o pierda.

“Ese ha sido mi objetivo desde que comencé”, afirma Algieri en referencia a su viaje a Argentina, adonde todavía no ha estado nunca. “Me gustaría viajar allá un par de semanas con mi familia. No quiero ir allá solamente un par de días, sino que quiero ir durante dos semanas o un mes. Me quiero situar allá”.

Y cuando eso suceda, Algieri probablemente tenga la oportunidad de redescubrir otras de sus delicias favoritas, que también está igualmente arraigada en el gusto de los argentinos desde su niñez, y a la que Algieri le ha tomado cariño también desde su infancia.

“Es un postre que le gusta mucho a mi madre. No me gustan mucho los postres, pero es algo que yo disfruto después de las peleas. Es algo celebratorio”, afirma Algieri en referencia al famoso dulce de leche, que no es otra cosa que leche condensada cargada de azúcar y reducida a fuego lento.

No es exactamente lo que un nutricionista recomendaría para alguien que quiera mantenerse en forma, pero tal como ha sido el caso en la vida de Algieri, es probable que haya aprendido a guardar lo dulce para después mientras disfruta las amarguras del sacrificio y el entrenamiento con la ayuda de su querido mate.

“Después de la pelea”, ríe, cuando se le pregunta sobre el momento justo para disfrutar una cucharada de dulce de leche directamente sacada del jarro, en la mejor tradición argentina.

“Mate antes, dulce de leche después”, concluye, esperando que el postre favorito de su madre le traiga el dulce gusto de la victoria luego de su combate ante Pacquiao.

Porque en ese viaje entre el amargo mate y el dulce de leche, hay un viaje que Algieri apenas comienza, y en el cual tendrá en su combate ante Pacquiao uno de los hitos más importantes de su carrera.