Abel Sánchez: Construyendo Casas, Boxeadores y Hombres

Por Sarah Deming

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Abel Sánchez habla de sus boxeadores como si fuesen su propia sangre.

“En mi gimnasio somos una familia”, dice Sánchez. “No permitimos que mucha gente entre aquí. Y los boxeadores comen juntos, duermen juntos, miran televisión juntos. Están siempre juntos en mi casa”.

El pupilo más Famoso de Sánchez, Gennady “GGG” Golovkin, pondrá en juego su récord invicto este sábado ante Canelo Álvarez (8 PM ET/5 PM PT en HBO PPV), pero si Sánchez está preocupado no lo está demostrando. En una llamada telefónica desde el gimnasio que construyó en la idílica zona de Big Bear, California, irradia la confianza de un hombre que ha creado a diecisiete campeones mundiales.

“Mis peleadores vienen a pelear”, dice Sánchez. “Miren a Terry Norris. Terry Norris siempre salía a pelear. Si perdíamos, perdíamos, pero él venía a castigarte, y la gente recibía lo que esperaba. Yo le he transmitido esa mentalidad a Golovkin”.

El primer gran campeón mundial de Sánchez, el miembro del Salón de la Fama Terry “Terrible” Norris dominó los ránkings de peso súper welter a comienzos de la década de 1990. Pero incluso en esa época Sánchez hizo más dinero construyendo casas, y estaba virtualmente retirado del boxeo cuando recibió un llamado en 2010 para entrenar a Golovkin. Dicha sociedad catapultaría a GGG al estrellato y le daría a Sánchez nuevamente la consideración como uno de los mejores desarrolladores de talento del deporte.

“Quiero ser mejor que todos en lo que hago¨, dice Sánchez. ¨Pero no quiero comprarlo, quiero ganármelo”.

Sánchez nació en Tijuana, México en 1955 y seis años después emigró con sus tres hermanos menores a San Marín, California. Su madre había estado trabajando como empleada doméstica allí cuando conoció y se casó con Ben Sánchez, veterano del ejército y desarrollador inmobiliario once años más grande que ella. Él adoptó a sus cuatro hijos, transformándose en el único padre que Abel conoció.

“Mis padres eran trabajadores compulsivos”, dice Sánchez. “Mi padre falleció a los 54 años, porque trabajó demasiado hasta que eso lo mató. Yo quiero que mis hijos tengan mucho más de lo que yo he tenido, eso es lo que me impulsa a seguir adelante”.

Desde los nueve años, Abel comenzó a aprender a construir casas bajo la estricta supervisión de su padre, sin vacaciones de verano y sin excusas. Eso le rindió muy bien cuando inició su propio negocio como contratista general justo después de terminar la escuela secundaria y, a sus 22 años, logró un trabajo construyendo la casa que se usó para filmar la película ET.

“Cuando estás construyendo estás también entrenando a un equipo”, dice Sánchez. Puedes hablarle a un empleado de cierto modo, pero no pueden hablarse entre sí de ese modo. Y es lo mismo en el boxeo. Tienes que aprender a manejar a otros hombres. Como entrenador, eres padre, maestro, sacerdote, doctor, todo”.

La capacidad única de Sánchez para conectarse le produjo su primer campeón. En 1986 escuchó que el hijo de su amigo Lupe Aquino, desencantado con su entrenador, había colgado los guantes prematuramente. Sánchez reubicó a Lupe, le compró una bicicleta, y resolvió todas sus disputas con la comisión. En el transcurso de un año, ambos estaban volando a Europa para desafiar en Francia al retador Emmanuel Steward por la corona súper welter.

“Yo tenía más miedo de Emmanuel que a su boxeador”, rememora Sánchez.

Abel idolatraba al gran entrenador en jefe del gimnasio Kronk y había formulado gran parte de su técnica de entrenador observando al rincón de Steward. Pero Sánchez sabía que Lupe Aquino tenía su habilidad y que estaba en buena forma. Ellos enviaron a Duane Thomas a las lonas dos veces aquella noche para quedarse con un fallo unánime, y con él llegó el primer título mundial de Sánchez. (Sorprendentemente, los primeros tres boxeadores entrenados por Sánchez – Aquino, Terry Norris, y su hermano Orlin – terminaron siendo todos campeones mundiales).

Hasta hoy, Sánchez pone las iniciales “ES” en todas sus camisetas, en recuerdo de su viejo amigo y adversario en el rincón opuesto. Sánchez terminaría con un récord de 5-3 de por vida en su rivalidad de entrenadores ante Steward.

 

Cuando se le pidió evocar su recuerdo más memorable en el rincón, Sánchez se acordó de algo que sucedió entre los rounds ocho y nueve en el combate entre Terry Norris y Sugar Ray Leonard. Norris estaba superando fácilmente en boxeo al ya avejentado Leonard, cuando Sánchez le dijo a su pupilo que ya era hora de liquidar el pleito.

 

Norris se rehusó, diciendo “él es mi ídolo, lo voy a llevar los doce rounds”.

 

“Eso es lo que yo llamo tener carácter”, dice Sánchez. “Creo que eso ha sido más importante en mi carrera para mí, en mi carrera, entrenar a alguien a quien no tenga problema en dirigirme como a un hijo, no me importa llamarlo mi peleador, no estoy avergonzado por nada de lo que hacen.”

“Abel era un entrenador realmente bueno”, dice Terry Norris. “Me enseñó a ser un gran atacante, a salir a pelear. Tenerlo en mi rincón me hizo sentir como si nadie pudiese derrotarme”.  

A pesar de que Norris tiene problemas con su mal de Parkinson, tanto él como su esposa Tanya tienen una buena vida en Hollywood Hills. Norris da clases de cardio-boxeo, viaja por el mundo y recuerda aquel tremendo gancho de izquierda que derribó a John Mugabi en el primer asalto.  

La gente olvida a los peleadores una vez que sus días de gloria han pasado, pero Abel Sánchez todavía se contacta con él, y le envía a Norris boletos para ir a ver las peleas de GGG.

Una bolsa de boxeo se rompió recientemente en su gimnasio, y le lastimó un ojo a Norris. Él desea que Sánchez sea quien venga a repararla.  

Según Tanya, “en el único en quien confía es en Abel”.

Paul “The Ultimate” Vaden, quien fuera brevemente campeón súper welter en 1995, dice que Sánchez fue único en el hecho de no querer cambiarlo. Vaden era un zurdo convertido con una velocidad de manos superior. Sánchez le demostró cómo canalizar su potencia hacia su uppercut, un golpe que se transformó en su marca registrada.

Como ardiente fanático de Michael Jackson, Vaden apreciaba el histrionismo de Sánchez y su sentido del perfeccionismo: “Abel nunca pierde la cinta adhesiva, nunca te derrama agua encima en todo el cuerpo. Ningún momento lo supera, por grande que sea”.

Al igual que Terry Norris, Vaden también terminaría experimentando el lado oscuro del boxeo. En 1999, su oponente Stephan Johnson falleció luego de sufrir serias lesiones en el ring. Vaden se retiró poco tiempo después y comenzó una nueva carrera como orador motivacional. Sánchez fue uno de los pocos amigos en los que Vaden confió en esos años oscuros, y ambos siguen siendo muy amigos.

“Cuando encuentras gente como ‘Abester’ en tu vida, los aprovechas todo lo que puedes”, dice Vaden. “Creo que es casi despectivo verlo solamente como entrenador. Es un maestro. Me ha enseñado muchas cosas que cambiaron mi vida”.

Sánchez le enseñó a Paul Vaden a lanzar el uppercut. Le enseñó a Terry Norris a buscar y destruir a su oponente. Entonces, ¿qué es lo más importante que le ha enseñado a GGG?

“Paciencia”, dice Golovkin, cuya espera por la mayor pelea de su vida terminará muy pronto.

Y Sánchez agrega “es fácil ser paciente cuando ya lo has visto todo”.